18 de Abril 2003

Sobre mi Muerte.

        La conversación gira en torno a conocidos de quienes no sé hace tiempo y descubro que están todos emparejados seriamente, buscando casa, empezando trabajos envidiables de futuro fulgurante u opositando. Me siento terriblemente viejo pensando en que dentro de poco tendré que empezar a ir a despedidas de soltero e inauguraciones de casas, y un tiempo después a bautizos y fiesta de divorcio. Se ríen cuando les comento que, gracias a mi estilo de vida, tendrán que ir a mi entierro antes que a un bautizo, y aprovecho la ocasión para dejar dadas instrucciones al respecto. Principalmente que donen mis órganos y que me incineren

        La donación de órganos sería para transplantes, por supuesto. Nada de entregarlos a la ciencia. No quiero a estudiantes de medicina jugando con mis intestinos o haciendo comentarios sobre mis genitales o mi cara. Ahora que lo pienso, eso de la donación postmortem es un gesto terriblemente altruista y filantrópico, y como yo no soy ni lo primero ni lo segundo, pueden olvidarlo.
        Lo de la incineración es por estética. No me apetece estar pudriéndome en una caja bajo tierra, vestido con un traje que seguramente me sentará mal. Y también por chinchar a los gusanos, que se quedan sin festín. Lo que se haga con mis cenizas después del proceso me da igual. Espárzanlas en algún lugar significativo para mi, como puede ser esta puñetera silla delante del ordenador o alguna esquina meada entre San Bernardo y Malasaña.
        Por lo demás, quiero un funeral a lo sudamericano, con alcohol y banda de música. Así podrán celebrarlo apropiadamente sin tener que fingir estar afectados, sin necesidad de comentarios como “los amados por los dioses mueren jóvenes”, “era tan majo” u “oh, señor, por qué no me llevaste a mi”.
        Damas, caballeros, ya saben: están todos invitados. Ahora debería soltar una parrafada sobre mi poca preocupación ante el hecho de cascarla, pero lo dejo para otra ocasión.


                "Vístete sexy en mi funeral,
                tontea con el párroco
                y lánzale besos a mis apesumbrados hermanos.

                Vístete sexy en mi funeral,
                y cuando sea tu turno de hablar ante la gente
                cuéntales lo de aquella vez que lo hicimos
                en la playa bajo los fuegos artificiales,
                en las vías del tren con la grava en tu espalda,
                en los baños de un bar abarrotado
                y en el cementerio donde ahora descanso.

                Vístete sexy en mi funeral
                y diles lo mucho que di a la beneficencia
                y que traté de amar a mis prójimos tanto como pude.
                Pero sobre todo que no te olvides de contarles
                lo de aquella vez que lo hicimos en la playa
                bajos los fuegos artificiales."

                     - Dress Sexy At My Funeral, Smog


Posted by P. at 18 de Abril 2003 a las 03:58 PM
Comments

la verdad, esa conversacion, aunq fuese entre risas y vinos, me dio bastante miedo.

¿Quien no me dice que dentro de poco una piva me cogera por los huevos y acabara con mi libertad? y no hablo de mi madre y de estudiar...

TALue

Posted by: Dario on 20 de Abril 2003 a las 06:58 PM

Yo también recurro con facilidad al tema muerte (suicidios especialmente) y comparto tu opinión. Está bien lo de querer donar órganos, no a la ciencia por supuesto porque los médicos me caen mal, pero sí para salvar vidas. Claro que en tu caso, con lo que fumas, no sé si sería viable.

En mi caso las exigencias son las siguientes:
- nada de cristal en el ataúd, me parece asqueroso lo de mirar a los muertos.
- en cuanto al atuendo, la verdad es que me importa poco si se cumple lo primero.
- incineración sí, pero quiero ir cargada de gasolina.
- las cenizas, aún no he decidido que quiero que hagan con ellas.

Posted by: andrea on 22 de Abril 2003 a las 11:48 AM
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