5 de Abril 2003

Un Día con Madame Resaca.

        P. se despierta y, aunque querría seguir durmiendo, descubre que le es imposible. Dos tipos, el Señor Mahou (grande, barrigón y barbudo) y su amigo Don Cacique (moreno, recio, con acento cubano) decidieron salir de juerga anoche con él y después de los ataques de risa, los chascarrillos y las palmaditas en la espalda se despidieron dándole una paliza monumental

        Una ducha no solo no le quita el dolor de cabeza, sino que remarca más el olor a colonia barata del Señor Cerveza y la unisex de Don Cacique que impregna su zulo/buhardilla y su piel. Así que P. se pasa el resto del día sin poder comer nada (le trabajaron el estomago con sus nudilleras metálicas) que no sea un té Earl Gray, incapaz de llevarse un cigarro a los labios, dejándose caer en cualquier cosa mullida, escapando de la luz como un Christopher Lee con capa venido a menos y deseando estar muerto. Menos mal que le avisan de que hoy, para variar, tampoco pueden ensayar, porque se habría hecho el harakiri con el bajo.
        Cuando por fin P. se sienta bien físicamente, llegarán los juramentos típicos: no volverá a beber, ni a serle infiel al Batallines, no mezclará, y así ad nauseam, sabiendo perfectamente que no piensa cumplirlos. Y es que P. no es un tipo de palabra ni consigo mismo.
        Por cierto, N., que es un cielo, me ha regalado esta cabacera
para el blog que iré alternando con las que ya tengo por ahí. Otra cosa que le debo, señorita. Con su permiso, damas y caballeros, voy a llevarle una aspirina a P.

Posted by P. at 5 de Abril 2003 a las 05:05 PM
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