31 de Julio 2003

El Amenazado.

        Para entrar en el vagón de metro P. sigue siempre el mismo ritual, que llamaremos aquí "el amenazado". Cuando el convoy llega a la estación, tira el cigarro al espacio entre andén y vagón (mind the gap) con gesto de "nena, si me dejases meterme entre tus piernas sabrías lo que es el cielo" y echa el humo con fuerza por una esquina de la boca para poner el punto final con un "y ya no querrías sacarme nunca de ahí”.
        Espera a que salga la gente y después entra con una zancada larga y la cabeza gacha, mirando rápidamente por el rabillo del ojo para asegurarse de que nadie espera apostado a los lados de la puerta enarbolando un hacha. Otros dos grandes pasos apresurados hasta ganar la pared o puerta de enfrente, un giro para tener cubiertas las espaldas apoyándolas contra ella y está seguro.
        Ya sólo queda levantar la cabeza ligeramente, repetir la mirada girando el cuello hasta conseguir una visión panorámica y comprobar que efectivamente nadie lleva una funda de violín demasiado grande, ni un bulto en el sobaco, ni frota el dedo índice extendido a lo largo de su cuello mirándole a los ojos. Entonces, y sólo entonces, suspira aliviado, levanta un muro de tapas de libro y se refugia tras él hasta que llega a su destino.

Posted by P. at 31 de Julio 2003 a las 03:28 AM
Comments

Yo lo dejé cuando me encontré cacheando a una señora que me pareció susceptible de pretender echarme ántrax de ese cuando yo no mirase.

Posted by: Germán on 1 de Agosto 2003 a las 05:17 AM

En Sevilla hay unos encantadores autobuses cuyos conductores son unos envidiosos de mierda que no dejan poner poses, porque en cuanto la empiezas a esbozar pegan el acelerón y te desequilibran...

Creo que es por eso por lo que no ligo.

Posted by: Adrián on 1 de Agosto 2003 a las 01:54 PM
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