8 de Mayo 2010

Casa tomada (presente)

El puto invierno se ha vuelto a comer a la primavera. Jodido de frío cruzo la plaza del Reina Sofía, donde a pesar de ser jueves noche no hay nadie haciendo botellón pre-Kapital, de vuelta a casa.

Subo los ocho tramos de escaleras sin encender la luz, como siempre. En el primero derecha (no sé quien vive ahí) hay una fiesta. Pasado el tercero me parece oír sonar la cisterna de mi baño. Llego hasta mi puerta, a oscuras todavía. Abro.

Hay algo raro. Tardo un segundo en darme cuenta que de la planta de arriba viene una luz tenue. Otro más en pensar que no es la luz ambarina de la lámpara de la mesa. Es azulada, fría, cambiante.

También hay un ruido indefinido. La televisión debe estar encendida.
(Pero es imposible. Hace dos semanas que no la veo. Esta mañana al salir estaba apagada.)

Mi primera reacción es dejar la puerta abierta. La segunda, dar dos pasos hasta el centro del salón. Una mirada a la derecha me confirma que el Macbook Pro sigue sobre el piano. Otra, a la izquierda, que la pasta en metálico de mis curros como freelance cobrados en negro también está donde la escondo. No hay nada más que puedan robarme: nadie va a bajar un piano de pared cuatro pisos por las minúsculas escaleras.

La televisión, arriba, sigue sonando. La puerta de la calle sigue abierta. Cojo del portaguitarras la Fender acústica por el mástil, como si fuera un bate. Me viene a la cabeza ese tema de Hayden en la que canta como se enfrenta a unos ladrones armado con su bajo.

Camino hacia las escaleras de madera que suben a la habitación.

Cada paso es una explicación. Uno: ella ha decidido volver. Pero entonces recuerdo que hace un mes me dio sus llaves. Dos: mi casera, la pianista hippie exiliada en Uruguay, ha decidido visitarme sin avisar. Tres: la casa es poco segura. Es tan fácil entrar desde el tejado, tan mala la cerradura. Alguien se ha colado. Quizá sigue arriba, tumbado en la cama, viendo la televisión.

Pongo el pie en el primer escalón y digo "¿Alguna vez te han zumbado un guitarrazo en la cabeza, hijo de puta?". Subo.

Lo primero que veo es mi otra guitarra, la Stagg, en su pie. He elegido bien: la Fender es mucho más grande.

Después, la cama desecha y vacía, tal y como la dejé.

Enfrente, la televisión. En la pantalla un reportaje absurdo. Alguien que dice "esta silla es un diseño de Phillip Stark..."

La casa es diáfana en ambas plantas. No hay donde esconderse. Me niego a mirar tras la cortina de la ducha o debajo de la cama. No hay nadie, no falta nada, no hay nada extraño. Solo la televisión encendida.

La apago. El sonido de mi corazón latiendo a toda hostia llena la habitación.

No creo en lo sobrenatural. O ha sido una subida de la tensión eléctrica o alguien ha querido dejar su huella. Y eso, en lugar de preocuparme, me reconforta. Si tuviera la oportunidad de colarme en una casa ajena no cogería nada, pero dejaría una firma para que lo supieran. Cambiaría cuchillos por tenedores en sus respectivos huecos del cajón de la cocina. Barajaría los volúmenes de la enciclopedia Larousse del salón. Pintaría un bigote en la fotografía de la mujer sobre la mesilla.

Ya no me siento tan solo en la casa.

Posted by P. at 8 de Mayo 2010 a las 08:37 PM
Comments

Ufff.... Esperaba que hubiera una chica dormida en la cama, no que no hubiera nadie. Si me pasara algo así, me parece que cambiaría enseguida las cerraduras, para hacer la casa más segura, y dejaría alguna pieza de un robusto metal cerca de la puerta y al lado de la cama... por si las dudas.

Un fuerte aplauso a tu imaginación compañero!!

Lara

Posted by: Lara on 9 de Mayo 2010 a las 05:21 PM

recuérdame que, si me invitas alguna vez, me lleve la ouija.

Posted by: Inés on 11 de Mayo 2010 a las 01:21 AM

Eso me pasó a mí cuando hace años en mi casa me dio por coger una vela y preguntar en alto si había algo o alguien más conmigo en mi habitación. De ser así, podía utilizar la llama de la vela para manifestarse. Tras varios intentos y cuando estaba a punto de abandonar, la llama empezó a crecer con tanta intensidad (no fue un efecto óptico, la altura que alcanzó fue considerable) que me asusté y pedí que parase. Paró. Soplé la vela y empecé a llorar. No eran lágrimas de acojone, simplemente a partir de esa noche comencé a sentirme menos sola en mi habitación.
Pero tú no crees en esas cosas... (****** antipático)

Posted by: A.Behn on 11 de Mayo 2010 a las 02:06 PM


Yo también quiero ! Pero que a mi me deje la colada hecha y los cristales de las ventanas relucientes

Posted by: Srta.Vainilla on 14 de Mayo 2010 a las 12:13 AM

Te recuerdo que en tu otra casa entró por la ventana un hermano tuyo en forma de murciélago, y al ver que tu madre seguía despierta, decidió volver por donde había venido. A lo mejor esa noche andaba por tu zona.

Posted by: Cerdoespín on 14 de Mayo 2010 a las 05:35 PM

Para asegurarte, mira si en el mini bar sigue todo igual.

Posted by: Cerdoespín on 14 de Mayo 2010 a las 05:40 PM

Si fuera usted, ahora dejaría la tele encendida antes de salir de casa... Eso sí, elija bien el canal, la idea es que vuelva. Un saludo.
P.D. Es un placer saber que está de vuelta.

Posted by: Sra.Remember on 28 de Mayo 2010 a las 04:11 PM

Encontré la página por azar y me ha resultado una grata sorpresa.
Una seguidora más a la espera de un nuevo relato.

Posted by: la_nieta_de on 18 de Junio 2010 a las 12:15 PM
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