1 de Febrero 2003

Motivos para Quitarse de en Medio.

                "Suicide pact, suicide pact, suicide pact, you first!"
                    - Little Tongues First, Therapy?


        V., que a veces me habla en glíglico y a quién la edad se le nota en las manos (si no fuese por esas hábiles delatoras pasaría perfectamente por una francesa con veinte años recien cumplidos y pícaro acento sevillano) me ha contado una historia curiosa.

        Celestino, un pariente suyo, había aprendido El Quijote de memoria. Invitaba a alguien a abrir el libro, a empezar a leer una página al azar y él seguía después recitándolo sin equivocaciones. Para acabar de convertirse en el personaje novelesco al que ya apuntaba, decidió quitarse de en medio de una forma curiosa: midió la profundidad de un pozo, hizo sus cálculos y se colgó dentro de él de manera que sus pies no llegasen a rozar el agua. Un tiempo después, su mujer (menos novelesca, intuyo) se tiró a ese mismo pozo. Le he dicho a V. que por si acaso se mantenga alejada del sitio, no vaya a ser que lo lleve en los genes.
        Siguiendo el consejo de Spinoza, (“medita sobre la muerte pero saluda a la vida con fuegos de artificio”), le he dado un rato vueltas al tema de irse de aquí antes de tiempo y he pensado en el verdadero motivo que me impediría tomar un decisión así. La razón principal es que quiero estar hasta el final para soltar un triunfal “¡Ja! ¡Os lo dije!” cuando compruebe que mi visión sobre la vida era completamente cierta. Además, por muy mal diseñado que esté todo este cotarro, personajes como Celestino hacen que compense quedarse por aquí echando un vistazo. Perderse la oportunidad de sonreir ante lo absurdo o de dejarse sorprender por la ridícula existencia no merece la pena (si quisiera ser un asqueroso sensiblero diría que la vida es aceptable por momentos tan hermosos que duelen, y desde luego no me refiero a una estúpida bolsa bailando con el estúpido viento para que la grabe un estúpido adolescente profundo e hipersensible)
        En realidad creo que mi motivo, como siempre, es mucho más sencillo y responde a instintos más bajos: no sería capaz de escribir una nota de suicidio. Querría decir tantas cosas, incluir tantos golpes de efecto, culpar a tanta gente y quejarme de tantas cosas que nunca quedaría satisfecho con el resultado y acabaría por olvidar el proyecto. Recuerdo aquella que escribimos hace años (creo que alguien comentó el otro día que la conservaba; si es así, que me lo haga saber, quizá lo he soñado): “Sr Juez: Hoy he visto pasar mi vida ante mis ojos y no me ha dejado ver la televisión. Eso me ha hecho darme cuenta de que la vida es opaca, pero en un sentido visual, osea, de la vista, osea, de los ojos…” and such and such and such.
        Hace unos años conocí a una chica que me confesó haberlo intentando. Cuando le pregunté cómo, dispuesto a soltarle la lección magistral de que las venas deben cortarse longitudinálmente y no de manera transversal, me dijo que había ingerido seis o siete gelocatiles. Supongo que no esperaba una carcajada como reacción. Apuesto lo que quieran a que todo lo que consiguió fue estropearse el estómago y no tener dolor de cabeza en un mes.
        Damas y caballeros, sostengo que a cada generación le toca un suicida conocido, y en la mía (cosecha del 79, pésimo bouquet, avinagrado) ya lo ha habido. Lamento comunicarles que seguiré por aquí dando la lata tanto tiempo como mis pulmones me lo permitan. Para terminar, Borges desarrollando una idea que ya había escrito Khayyam en verso.

                No quedará en la noche una estrella.
                No quedará en la noche.
                Moriré y conmigo la suma
                del intolerable universo.
                Borraré las pirámides, las medallas,
                los continentes y las caras.
                Borraré la acumulación del pasado.
                Haré polvo la historia,
                polvo a polvo.
                Estoy mirando el último poniente.
                Oigo el último pájaro.
                Lego la nada a nadie.

                    - "El Suicida", J.L. Borges.

Posted by P. at 1 de Febrero 2003 a las 06:56 PM
Comments

jooo, yo quiero leer la carta al señor juez... aun no la he leido.

Posted by: Dario on 1 de Febrero 2003 a las 08:58 PM
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