19 de Diciembre 2003

Cartón en un Charco.

        Me despierto con dolor de espalda. Tu duermes profundamente y no sé que hora es. Podría quedarme en la cama, quizá moverme o hacer ruido para ver si acabamos retozando, pero te doy un beso y me levanto. Murmuras algo. Anoche fui yo quien te habló en sueños.
        Me sirvo media taza y te dejo otra media. No queda más café en tu casa. Me lío un cigarro para completar el desayuno. Dos de la tarde: por la ventana tu ciudad está gris y fría. Cambio de canal en canal durante un rato y acabo quedándome helado, así que vuelvo a tu habitación y atrapo el jersey que llevaba anoche. Sigues terriblemente dormida. Debo tener un aspecto ridículo con los boxers y el jersey, encogido en tu sofá viendo las noticias y bebiendo a sorbos muy pequeños. Pies fríos, lengua hirviendo y cabeza pesada.
        Debe ser las cuatro cuando suena el teléfono. Salgo al pasillo y me cruzo contigo, que te has levantado a cogerlo. Al otro lado de la línea alguien pregunta por un mando de televisión que desapareció anoche en su casa. Tu y yo somos los principales sospechosos. Te encierras en el baño y voy a calentar tu café. Una vez te dije que cuanto mas huraña te levantases, más ganas tendría yo de sonreírte para sacarte de quicio. Así que te espero en la puerta del baño y nada más salir te ofrezco la taza. La sonrisa no sirve de nada. Has amanecido torcida.
        Ahora somos dos los que fumamos con frío en el sofá. Tiramos una moneda para decidir si comprar algo para cocinar o comer fuera. Parece seguro que hay que salir a por café a la gasolinera. Así que nos arreglamos (sin conseguir quitarnos el aire de trasnochados), compramos el café y vamos a un bar donde comes a veces. Dices que el que te vean conmigo va a romper tu imagen. Por supuesto, la cocina está cerrada. Son las cinco de la tarde de un domingo, es prácticamente imposible encontrar un sitio donde comer.
        Seguimos buscando y cruzando un paso de cebra veo un cartón mojado en el suelo. Y nos parece tan maravilloso e increíble que lo rescatamos del charco y lo guardamos en la bolsa donde va el café para secarlo al llegar a casa.
        Hoy, dos semanas después, consigo la imagen del cartón que se quedó en tu casa y recuerdo ese domingo y te echo de menos.

carton.jpg

Posted by P. at 19 de Diciembre 2003 a las 06:01 PM
Comments

Algo así no podía quedar como papel mojado..

Posted by: enfant terrible on 20 de Diciembre 2003 a las 04:27 AM

qué flipante... es muy poético!

Posted by: hormiga on 21 de Diciembre 2003 a las 09:06 PM

te entiendo

Posted by: Yo on 6 de Julio 2004 a las 01:58 AM
Post a comment
















Atención: Introduce el código de seguridad para poder comentar.