20 de Enero 2004

Morir Mañana.

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        Preparando el viaje a Oviedo alguien me da consejos y advertencias sobre conducir con hielo y de noche. Y entonces, por un momento, me cruza tontamente por la cabeza la idea de que mañana podría ocurrir algo que incluyese mis tripas extendidas sobre el salpicadero, faltando solo la ramita de perejil para convertirlo en la carnicería del Mercadona: ¿A cuánto el hígado de P? Póngame cuarto y mitad.
        La muerte no es algo en lo que suela pensar. Para mi es una certeza tonta, sin ninguna importancia o trascendencia. Algo equiparable a saber que antes o después me tocará empezar a hacer la declaración de la renta. Pero a la gente le encanta imaginar su muerte, recrearla: quiénes les llorarían, cuanto se les echaría de menos y cómo seguiría la vida sin ellos (no entienden que la vida no sigue: el mundo acaba cuando uno desaparece). Y yo hoy, al considerar mi posible defunción accidental, me he centrado en algo sencillo: qué pasaría con mis pertenencias.
        Entonces he supuesto a un familiar cualquiera revisando los cuatro trastos de la buhardilla (tan perfectamente impersonal) y descubriendo un par de carpetas donde guardo algunas cosas escritas por mi, algunos textos ajenos, algunas cartas y fotografías. Cosas que enseñarían un P. que no conocen. Y me asusta poder convertirme, una vez muerto, en un alguien ajeno, desconocido.
        Todo el mundo tiene una vida secreta, la gente sólo puede conoce una o dos de sus facetas (familiar, amistosa, profesional, etc). Nadie se hace una idea completa de una vida que no es la propia. Y eso, en general, da miedo.
        Ya saben, si no escribo en unos días es que la he cascado en alguna carretera astur de mala muerte.

Posted by P. at 20 de Enero 2004 a las 08:24 AM
Comments

Mientras no me robe la idea de escribir una biografía a costa de testamentos, ¿nunca ha pensado que, a lo largo toda una vida, ud dejaría sus cosas a gente muy diferente? Yo hubiera declarado herederos universales a personas a las que ahora ni saludo, en fin, c'est la vie o la bite (polla)

Un beso y buen viaje
V.

Posted by: V on 20 de Enero 2004 a las 10:45 AM

eso, eso, tu aprende y practica todas las modalidades de conduccion, mas o menos extrema, con y sin gasolina, pero cuanto antes mejor, que el conducir mola mucho, no te tendria q causar ulceras.

Posted by: dario on 20 de Enero 2004 a las 03:46 PM

Touche.
Re-buenas caballero. Animo con los examenes o con lo que sustituya al tiempo que deberia ser empleado en el estudio.

Posted by: N. on 20 de Enero 2004 a las 11:49 PM

a mi que no me toquen el portatil. y algun calzoncillo delator, claro.

Posted by: turista on 21 de Enero 2004 a las 09:07 PM

Bueno,no hay que preocuparse por la muerte...como decía mi abuelo, "Nadie se muere la víspera".

Posted by: Ana on 22 de Enero 2004 a las 10:10 PM


Y...reflexionando sobre lo que has escrito, me ha venido a la memoria algo que leí en un liro muy bonito, hace ya tiempo. Dice así:

"Descubrí que no hay nada tan terrible como tener que enfrentarse a las pertenencias de un hombre muerto. Los objetos son inertes y sólo tienen significado en función de la vida que los emplea. Cuando esa vida se termina, las cosas cambian, aunque permanezcan iguales. Están y no están allí, como fantasmas tangibles, condenados a sobrevivir en un mundo al que ya no pertenencen. ¿Qué puede decirnos, por ejemplo, un armario lleno de ropa que espera en silencio a ser usada otra vez por un hombre que no volverá a abrir la puerta? ¿Y los paquetes de preservativos en cajones llenos de ropa interior y calcetines? ¿Y la afeitadora eléctrica que está en el baño, todavía llena de pelusa del último afeitado? ¿O una docena de frascos vacíos de tinte para el pelo escondidos en un maletín de piel?....De repente se revelan cosas que uno no quiere ver, que no quiere saber. Producen un efecto conmovedor, pero al mismo tiempo horrible. Por sí mismas, las cosas no significan nada, como los utensilios de cocina de una civilización antigua; pero sin embargo nos dicen algo, siguen allí no como simples objetos, sino como vestigios de pensamientos, de conciencia; emblemas de la soledad en que un hombre toma sus decisiones sobre su propia vida: teñirse el pelo, usar una camiseta u otra, vivir o morir. Y una vez que ha llegado la muerte, todo es absolutamente inútil."
(Paul Auster, "La invención de la soledad")

Posted by: Ana (again) on 22 de Enero 2004 a las 10:27 PM

espero que quien encuentre el polen del armario sepa liar porros.

Posted by: andrea on 23 de Enero 2004 a las 01:11 AM

Empezamos a temer por su vida ¿Sigue ahí?

Posted by: Keko on 24 de Enero 2004 a las 02:58 AM

"...pero poco a poco lo fue ganando la desagradable certidumbre de que su vida entera se definía no por sus actividades cotidianas ejercidads a la luz del día, sino por ese rollo de billetes que se carcomía en el desván."
Juan José Saer es mi escritor preferido, si Zweig no se ofende. Te recomiendo la lectura de "Al abrigo". Una narración cortita en http://www.literatura.org/Saer/jsTexto1.html

Posted by: Vlad on 24 de Enero 2004 a las 02:21 PM

¡Al fin! ¡Alguien lo suficientemente egocentrista como para pensar que el mundo se acaba con su muerte! Bienvenido a mi club privado señor P. y felicitaciones.

Posted by: Alejo on 14 de Noviembre 2004 a las 08:19 AM
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