20 de Febrero 2007

Viejo abrigo marrón.


        Salgo de la agencia y voy al bar donde espera y nos tomamos un par de copas y cenamos suavemente ebrios en un italiano. Le digo que quiero dormir con ella y nos vamos hacia mi casa.
        Pasando los torniquetes del metro – distraído, no sé qué voy contándole- tengo esa sensación que avisa cuando alguien nos mira entre la multitud, ese sexto sentido animal que hace que nos pique el cuello intuyendo un par de ojos clavados en nuestra espalda.
        Con el rabillo del ojo te distingo, cruzando a nuestro lado.
        Y me giro hacia ti, sonriendo de oreja a oreja, lleno de dientes, y te llamo en voz muy alta por tu nombre (y trato de mantenerme todo lo erguido que puedo, las piernas ligeramente separadas como un pistolero, los hombros hacia atrás, el mentón hacia el cielo).
        Pero tu representas ese papel tan malo de quien no se entera, de quien no ha visto nada, y te peleas torpemente con el billete y la maquina sin levantar la mirada, y ni siquiera los auriculares de atrezzo que llevas dan credibilidad a tu actuación.
        ¿Qué podría decirte (mi hermano, mi asesino)?
        Que esperaba mucho más de ti. Que quería que reunieras los redaños suficientes para volverte y decir hola y cumplieras con ese compromiso social en el que nunca creímos del quétaltodo y cómotevalavida (mientras, yo hubiera mantenido la postura firme, la sonrisa insultante)
        Así me has dejado ganar.
        Durante un tiempo afilabas mis nervios, eras mi antagonista y mi amigo, me definías. Esta noche en cambio ni siquiera me dejas la posibilidad de interpretar tu actitud como desprecio, porque me lo niegas con tus hombros humillados, con tu cabeza gacha, con tus dedos nerviosos, con tu huída miserable.
…
        Mucho más tarde, ante otra copa, ella me dirá que todavía tengo un gesto de satisfacción en la boca. Y trataré de explicarle que en el fondo me entristece pensar que si hubiéramos hablado, por debajo del desafío, de la hipocresía, del escupirnos las vidas a la cara, habría quedado todavía un pequeño resto de cariño.

Posted by P. at 20 de Febrero 2007 a las 02:44 PM
Comments

me pase mi infancia haciendo insoportable la suya, la de mi hermano pequeño, humillandolo, torturandolo, insultandolo....y el siempre con esa sonrisa imborrable de muñeca pepona..desesperante, fui un pequeño tirano sadico.
Ahora lo hecho de menos si no lo veo en mas de un semana

Posted by: fj on 26 de Febrero 2007 a las 02:31 PM

qué maravilla de título

Posted by: Anonymous on 1 de Marzo 2007 a las 11:26 PM

el comentario pelota anterior era, evidentemente, de un pelota como enfant :)

Posted by: enfant terrible on 1 de Marzo 2007 a las 11:27 PM

Los pelotas como Ud siempre son bien recibidos.
Pero no empecemos a chuparnos las pollas todavía...

Posted by: P. on 2 de Marzo 2007 a las 01:56 AM

... interesante....
la pregunta es: para cuando comiencen ustedes a chupárselas ¿llevará ud. pestañas postizas?

Posted by: a on 2 de Marzo 2007 a las 03:25 PM

"Mucho más tarde, ante otra copa, ella me dirá que todavía tengo un gesto de satisfacción en la boca. Y trataré de explicarle que en el fondo me entristece pensar que si hubiéramos hablado, por debajo del desafío, de la hipocresía, del escupirnos las vidas a la cara, habría quedado todavía un pequeño resto de cariño...."
Pues si, totalmente de acuerdo.
Un saludo Penteo.

Posted by: elangeldelasmilvioletas on 3 de Marzo 2007 a las 11:05 AM

Agradecida por leerte,
he recordado

una vez me crucé con una chica que conocí y amé en otras circunstancias, cuando todavía no conocía esto que describes, mucho antes de leer esa sentencia de Bendetti de "no te juzgues sin tiempo".
Cuando nos cruzamos -en fin... me gustaría poder decir que puede que no te oyera-, yo también sentí esa mirada que se clava en tu pasado y supe que su sonrisa -espeluznante- y su mirada fija en el frente -mirando al vacío- no eran sino ese momento semejante a éste donde sólo uno reconoce tiernamente el cariño y el otro no logra vencer esas resistencias del rencor. Su expresión se me aparece como una máscara ridícula.
Hace poco aprendí a diferenciar entre la pena y la nostalgia.
me gusta esto de quedar nostálgicamente orgulloso.
El rencor nos hace parecer algo patéticos, supongo

saludos,

Posted by: d on 15 de Marzo 2007 a las 09:26 PM

Y mas absurdo parece, cuando tienes casi 30, y te cruzas con esa persona q te guarda el rencor por cosas de cuando tenias 18 y tu la miras, sintiendo esa mezcla,...... nostalgia, por una vida pasada, y pena por su precaria actitud.
Eso definiria yo, tambien, nostalgicamente orgulloso.

Posted by: FJ on 23 de Marzo 2007 a las 06:02 PM

Con casi 30, no debemos ser ni patéticos rencorosos ni nostálgicamente orgullosos, poruqe sin darnos cuenta, los trenes van pasando y no paran en nuestra estación...
Las resistencias del rencor se cobran nuevos buenos momentos.
Besos Penteo y a todos los demás también.

Posted by: el angel de las mil violetas on 28 de Marzo 2007 a las 02:57 PM

No sé por qué me pasé por aquí. Creo que en cinco años que llevo de leerte, dejé acaso un comentario (que no recuerdo, pero de alguna manera habrás llegado a un -ya difunto- blog a comentar acerca de alguna tontería y a prometerle a una chica de 17 años una versión peística de Screamager que a sus casi 21 sigue esperando).

Y nada, un placer leerte. Ojalá el 2007 no se quede sólo (y solo) con este post.

Posted by: M. on 18 de Mayo 2007 a las 08:50 AM

Sale authentic nfl super bowl jerseys,free Shipping, good customer service, saves at least 60%.

Posted by: http://autowaybowl.com/widgets/Spry-UI-17/Sitemap.html on 30 de Enero 2015 a las 09:18 AM
Post a comment
















Atención: Introduce el código de seguridad para poder comentar.